jueves, 28 de marzo de 2013

El Poder invisible de los Círculos de Mujeres



El poder invisible de los círculos de mujeres actúa en dos niveles. Un círculo de mujeres puede parecer que es simplemente una serie de mujeres que hablan entre sí; pero si es un círculo, y especialmente un círculo con un centro espiritual, provocará un invisible efecto en las mujeres que lo componen. Un segundo poder invisible consiste en la posibilidad de que cada círculo esté contribuyendo a crear la masa crítica que pondrá fin al patriarcado. Éste es el efecto que tiene en la cultura el millonésimo círculo.

El poder para enfrentarse a la censura o a la incredulidad, al ¿Quién te has creído que eres?, proveniente de fuentes externas, emana del formar parte de un círculo junto a personas afines, pues eso permite a las mujeres seguir su rumbo ante el ridículo o la oposición. 

"El poder invisible que los círculos de mujeres ejercen en las mujeres que los constituyen nace del poder sanador, afianzador y alentador que somos capaces de tener sobre otra. "

Cuando una cuenta con ese aliento y ese verdadero apoyo a la hora de llevar a cabo un cambio significativo, es más posible que el cambio se realice. El que otras personas crean en nosotras o compartan nuestros puntos de vista posee un poderoso e invisible efecto.

Un círculo de mujeres que confían unas en otras puede llegar a ser también un receptáculo de sanación, sobre todo si las mujeres que lo forman son capaces de hablar de aquellas experiencias en las que se sintieron aterrorizadas por lo que se les hizo a ellas o por lo que presenciaron. Un lugar seguro en el que contar la verdad es un espacio de sanación. 

Una persona maltratada se siente, en el nivel emocional, doblemente herida: por lo que se le hizo, y por la vergüenza. En lo más profundo de la psique de toda mujer, niña y niño maltratados o violados, hay vergüenza y un sentimiento de indignidad y de desprecio hacia sí mismos, lo cual se vuelve mucho más terrible cuando las religiones llaman a estas víctimas pecadoras. 

Cada vez que una mujer se arma del valor necesario para hablar y ve que sus palabras son acogidas y que no corre ningún riesgo, su confianza crece y, poco a poco, su psique empieza a sanar.

Un círculo es, además, una experiencia de conversación igualitaria que puede trasladarse a otras relaciones. En un círculo se desarrolla la costumbre de ser capaz de expresar ideas, necesidades, sentimientos y esperanzas, así como de escuchar. En un sentido, estar en un círculo es una práctica de prestar atención y recibir atención. En un círculo operativo no hay una persona que domine.

Nuestras relaciones más significativas, o bien son jerárquicas (existe un acuerdo tácito de que las opiniones, necesidades, sentimientos y percepciones de una de las personas tienen más importancia que los de la otra, lo cual atiende al modelo patriarcal), o bien son un círculo (ambas personas hablan y se escuchan una a otra como iguales, como seres que son importantes el uno para el otro). Recordando las palabras de Eleanor Roosvelt: “Nadie puede tratarte como a un ser inferior sin tu permiso”, la tarea a menudo consiste en transformar nuestra propia porción de patriarcado en un círculo. El invisible efecto de estar en un círculo hace esto posible.

Círculos con un centro

Un círculo con un centro espiritual invita al mundo del alma y del espíritu a estar en el centro del círculo y en cada persona que lo compone. Una imagen es la de la gente sentada alrededor de un fuego invisible, que es una fuente similar también en su interior. O es como una rueda cuyos radios conectan distintos puntos de la llanta con el centro. No hay jerarquía. A través de un silencio meditativo y de la oración silenciosa, la sabiduría y la compasión pueden entrar en nosotras y centrarnos. Cualquier cosa que señale que el círculo ha comenzado puede desplazar la energía del plano social al sagrado.

Cuando el círculo e un espacio donde las demás personas escuchan con empatía, donde no se hacen juicios ni comparaciones, y donde aquello que se comparte confidencialmente se guarda como confidencia, ése es un círculo con un centro espiritual, incluso aunque no se lo considere así. Si hay amor y confianza, el círculo es un santuario. 

Si se trata de un círculo de mujeres, habrá suficiente alimento de la Madre para todas. Los círculos de mujeres se convierten en un espacio uterino donde se incuban sueños y planes, y en un lugar donde se puede hablar de ellos y recibir ayuda a fin de dar nuestros primeros pasos. El elemento explícitamente espiritual puede no entrar en ese círculo hasta que la salud o la hija o hijo de alguien hacen necesaria una oración; sin embargo, es un círculo sagrado.

 Cuando una intensa compasión y un serio sentido de la justicia son el foco de un círculo, ese círculo imbuirá de energía a las mujeres que hay en él, y es un círculo con un centro.

Autora: Bolen, Jean Shinoda

martes, 26 de marzo de 2013

Vida Sexual Espiritual



Si un hombre y una mujer se entregan a la vida sexual sólo por el mero placer animal oscurecen los colores de su aura y debilitan las fluctuaciones de la corriente. 

Muchas de las escuelas orientales de pensamiento oculto advierten repetidamente que no debe incurrirse en la mala vida sexual si se quiere progresar. Por desgracia, las traducciones occidentales, que son traducciones erróneas, afirman que el oriental carece de vida sexual en los planos espirituales. Esto es falso. El acto sexual está bien si las dos personas lo necesitan y están verdaderamente enamoradas.

En los templos indios, y también en los tibetanos, hay imágenes que los occidentales, en su ceguera, consideran eróticas, obscenas o pornográficas. No es así, y al oriental no lo perturba la contemplación de esas imágenes. 

Las ventales como son, las ven como un recuerdo de lo que puede ser. El acto sexual es la generación de la vida, es la generación de corrientes áuricas más fuertes, y las imágenes que adornan las paredes de los templos de la India y el Tíbet muestran la verdadera vida sexual y también la mala vida sexual, para que el iniciado pueda comparar las dos, porque, después de todo, ¿cómo puedes saber lo que está mal si alguien no te lo muestra, y cómo puedes hacer una cosa correctamente si alguien no te lo enseña?

 La forma errónea de la vida sexual lleva a manifestaciones desagradables, frigidez, perturbaciones nerviosas y la supresión de los mejores instintos del hombre y de la mujer, en tanto que la forma correcta de la vida sexual, para aquellos que la necesitan, lleva a un aumento en las facultades espirituales de ambos.

Autor: L. Rampa

viernes, 8 de marzo de 2013

Las mujeres y los Lobos



Los lobos sanos y las mujeres sanas comparten ciertas características psíquicas: una aguda percepción, un espíritu lúdico y una elevada capacidad de afecto. Los lobos y las mujeres son sociables e inquisitivos por naturaleza y están dotados de una gran fuerza y resistencia. 

Son también extremadamente intuitivos y se preocupan con fervor por sus vástagos, sus parejas y su manada. Son expertos en el arte de adaptarse a las circunstancias siempre cambiantes y son fieramente leales y valientes.

La llamo la Mujer Salvaje porque estas dos palabras en concreto, “mujer” y “salvaje”, son las que crean el llamar o tocar a la puerta, la mágica llamada a la puerta de la profunda psique femenina. Llamar o tocar a la puerta significa literalmente tañer el instrumento del nombre para hacer que se abra una puerta. Significa utilizar unas palabras que dan lugar a la abertura de un pasadizo. 

Cualquiera que sea la cultura que haya influido en una mujer, ésta comprende intuitivamente las palabras “mujer” y “salvaje”. Es absolutamente esencial para la salud mental y la salud del alma de las mujeres.

La existencia de la Mujer Salvaje también se percibe a través de la visión; a través de la contemplación de la sublime belleza. Yo la he percibido contemplando lo que en los bosques llamamos una puesta de sol “de Jesús Dios y, asimismo, contemplando los dedos de los pies de mi hijo recién nacido, alineados como una hilera de maíz dulce. 

La vemos donde la vemos, o sea, en todas partes.
Viene también a nosotras a través del sonido; a través de la música que hace vibrar el esternón y emociona el corazón; viene a través del tambor, del silbido, de la llamada y del grito.

Ella es el alma femenina. Sin embargo es más que eso: es la fuente de lo femenino. Es todo lo que pertenece al instinto, a los mundos tanto visibles como ocultos —ella es la base.
Ella es intuición, es capaz de ver claramente a distancia, es capaz de escuchar a profundidad, es de corazón leal. Ella es la voz que dice: Por aquí, por aquí.

Ella es quien levanta estruendos contra la injusticia. Ella es por quien abandonamos el hogar para buscarla. Ella es a quien regresamos a casa. Ella es lo que nos mantiene en marcha cuando pensamos que ya estamos vencidas.

Una mujer sana se parece mucho a una loba: robusta, colmada, tan poderosa como la fuerza vital, dadora de vida, consciente de su propio territorio, ingeniosa, leal, en constante movimiento. En cambio, la separación de la naturaleza salvaje provoca que la personalidad de una mujer adelgace, se debilite y adquiera un carácter espectral y fantasmagórico. no estamos hechas para ser unas criaturas enclenques de cabello frágil, incapaces de pegar un salto, de perseguir, dar a luz y crear una vida. 

Cuando las vidas de las mujeres se quedan estancadas o se llenan de aburrimiento, es hora de que emerja la mujer salvaje; es hora de que la función creadora de la psique inunde el delta.

Para nosotras la elección no ofrece duda. Sin nosotras, la Mujer Salvaje se muere. Sin la Mujer Salvaje, nos morimos nosotras. Para la Vida, para la verdadera vida, ambas tenemos que vivir.

- Mujeres que corren con los lobos. Clarissa Pinkola Estes.

lunes, 4 de marzo de 2013

El Llamado del Hombre y la Mujer



"El llamado más elevado de la mujer es guiar al hombre hacia su alma, de manera que pueda unirse con la Fuente. Su llamado más bajo es seducirlo, separarlo de su alma y dejarlo vagando sin dirección.




El llamado más elevado del hombre es proteger a la mujer, de manera que ella esté libre para caminar la tierra sin dañarse. Su llamado más bajo es emboscarla y forzar su entrada en la vida de una mujer."



- Proverbio Cherokee

domingo, 3 de febrero de 2013

El Águila y el Halcón



Cuenta una vieja leyenda de los indios Sioux que una vez llegaron hasta la tienda del viejo brujo de la tribu, tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Alta la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu. 

- Nos amamos - empezó el joven.
- Y nos vamos a casar - dijo ella.
- Y nos queremos tanto que tenemos miedo. Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán. Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos. Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Manitú el día de la muerte.
- Por favor - repitieron - ¿hay algo que podamos hacer?

El viejo los miró y se emocionó de verlos tan jóvenes, tan enamorados, tan anhelantes esperando su palabra. - Hay algo...- dijo el viejo después de una larga pausa -. Pero no sé...es una tarea muy difícil y sacrificada.

- No importa - dijeron los dos-. Lo que sea - ratificó Toro Bravo.
- Bien -dijo el brujo-. Nube Alta, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos, y deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de la luna llena. ¿Comprendiste?
La joven asintió en silencio.

- Y tú, Toro Bravo - siguió el brujo - deberás escalar la Montaña del Trueno; cuando llegues a la cima, encontrarás la más brava de todas las águilas y, solamente con tus manos y una red, deberás atraparla sin heridas y traerla ante mi, viva, el mismo día en que vendrá Nube Alta...¡salgan ahora!.

Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte, él hacia el sur.... El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas. El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas.

Los jóvenes lo hicieron y expusieron ante la aprobación del viejo las aves cazadas. Eran verdaderamente hermosos ejemplares, sin duda lo mejor de su estirpe. - ¿Volaban alto?- preguntó el brujo. - Sí, sin duda. Como lo pediste... ¿y ahora? - preguntó el joven- ¿los mataremos y beberemos el honor de su sangre? - No - dijo el viejo-. - Los cocinaremos y comeremos el valor en su carne - propuso la joven-. - No - repitió el viejo-. Harán lo que les digo: Tomen las aves y átenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero... Cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres. El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros. El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero solo consiguieron revolcarse en el piso.

Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre si hasta lastimarse. Este es el aprendizaje... -Jamás olviden lo que han visto. Son ustedes como un águila y un halcón; si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse uno al otro. Si quieren que el amor entre ustedes perdure, VUELEN JUNTOS PERO JAMÁS ATADOS....

martes, 11 de diciembre de 2012

Conciencia Sexualidad Sagrada




Cuando una mujer hace el amor con “penes emocionales”, con penes compulsivos y egoístas, que no saben estar presentes amorosa y desinteresadamente dentro de su vientre, está acentuando la herida. El contacto con el pene de un hombre que ha sanado o que está en el camino consciente de sanación, que ha abierto su corazón, que ha integrado en él mismo la energía femenina, la energía de la Diosa, comienza, sin embargo, a purificar el vientre femenino.

El cuerpo es un símbolo y el vientre, el útero femenino, es el símbolo de la conexión con lo no manifestado, la Diosa. El vientre femenino ha sido agredido durante miles de años, por el mundo masculino y la energía metálica separada del corazón y la Madre Tierra que ha dominado nuestra civilización.

Y aún hoy sigue siendo agredido terriblemente en nuestra “avanzada” civilización. Se le agrede cuando el hombre sigue utilizándolo para descargar toda su frenética compulsividad mental, cuando tantos y tantos hombres se masturban dentro del vientre de una mujer y a eso le llaman hacer el amor. Le agrede la propia mujer cuando permite que cualquier hombre entre dentro de ella, y cuando ella misma copia los patrones sexuales masculinizantes, dirigiéndose a una sexualidad superficial (clitoridiana) y convirtiéndose en ese tipo de mujer, tan común hoy en día, que utiliza activamente la sexualidad desligada del sentimiento.

Se le agrede por supuesto en los hospitales, en el llamado “parto tecnológico” dominante hoy en día, donde tantas y tantas mujeres paren de forma antinatural y son sometidas a la atrocidad de la episiotomía y otras aberraciones médicas, en aras del la “efectividad técnica”. Se la agrede cuando se ha inventado la píldora, que destruye el ciclo femenino, o todos los otros sistemas anticonceptivos intrusivos en el cuerpo de la mujer, curiosamente siempre sistemas para la mujer, ¿porqué no para el hombre?. 

Se agrede el vientre femenino, cuando se ha hecho creer a la mujer que su regla es un trastorno, una molestia “que tiene que sufrir” y que la impide actuar en un plano de “igualdad” con el hombre. Cuando se la ha hecho separarse del momento sagrado que es la menstruación y a base de “tampax” apartarse e incluso repudiar su propia sangre. Podríamos continuar con un sin fin de agresiones más de una civilización masculina que, desde su “omnipotente” hemisferio izquierdo, ha cometido y sigue cometiendo para controlar y aplastar a la Diosa, a la cual ha temido y no ha entendido. No es de extrañar que nuestra civilización esté destruyendo la Tierra, siendo la Tierra la expresión por excelencia de la energía de la Diosa.

Es necesario que el vientre femenino sea sanado de todo el dolor, de todo el miedo y de todo el rencor, del karma colectivo, de miles de años de aplastamiento de lo femenino, de desprecio y de agresión a la Diosa.

Existen diferentes formas, y lo que podríamos llamar técnicas de sanación, que desembocan todas en tomar consciencia de la verdadera identidad, despejando todas las creencias erróneas sobre uno mismo incrustadas en nuestra mente-cuerpo. El mismo acto sexual, en la forma tántrica, es una potente forma de sanación.

La sexualidad tántrica puede ser una ayuda poderosa en el camino de sanación del vientre femenino, pues revierte el proceso de la enfermedad del desamor que inunda las células del vientre femenino. Cuando una mujer hace el amor con “penes emocionales”, con penes compulsivos y egoístas, que no saben estar presentes amorosa y desinteresadamente dentro de su vientre, está acentuando la herida. 

El contacto con el pene de un hombre que ha sanado o que está en el camino consciente de sanación  que ha abierto su corazón, que ha integrado en él mismo la energía femenina, la energía de la Diosa, comienza, sin embargo, a purificar el vientre femenino. 

Comienza a darle “nueva información”, esta vez desde la consideración, desde el amor. Por eso es muy importante para cualquier mujer en el camino de sanación consciente, ser cuidadosa en sus relaciones. No se trata de represión, de negar ahora el derecho de libertad sexual, tan arduamente conseguido; sino de una toma de consciencia de “lo que estamos haciendo”. Pasado el tiempo, tan necesario, después de siglos de locura de represión, de la liberación sexual de los hippies, estamos ahora en otro lugar, donde debemos empezar a tomar responsabilidad sobre las verdaderas consecuencias de lo que hacemos.

Autor: Yolanda Urrea

Imagina una Mujer



“Imagina una mujer que cree que es correcto y bueno que ella sea mujer. Una mujer que honra su experiencia y cuenta sus historias. Que no acepta cargar con los pecados de otros en su cuerpo y su vida.

Imagina una mujer que cree en su bondad. Una mujer que confía en sí misma y se respeta. Que escucha sus necesidades y deseos y los abraza con ternura y gracia.

Imagina una mujer que cree en su pertenencia al mundo, una mujer que festeja y celebra su propia vida, que se siente alegre de estar viva.

Imagina a una mujer que ha reconocido la influencia del pasado en el presente. Una mujer que ha recorrido su pasado. Que ha sanado su presente.

Imagina una mujere enamorada de su propio cuerpo. Una mujer que cree que su cuerpo es suficiente tal como es. Que celebra su cuerpo como compañero digno de confianza. Y sus ritmos y ciclos como recurso exquisito.

Imagina una mujer que abraza su propia sexualidad como propia, una mujer que se deleita en el placer que se da. Que experimenta todos sus sentimientos y sensaciones eróticas sin vergüenza ni culpa.

Imagina una mujer que honra el rostro de la Diosa en su propio rostro cambiante. Una mujer que celebra la acumulación de sus años y de su sabiduría, que se niega a usar su preciosa energia de vida para disfrazar los cambios de su cuerpo y de su vida.


Imagina una mujer que es autora de su propia vida. Una mujer que imagina la divinidad a su imagen y semejanza. Que diseña su propia espiritualidad y permite que ella le informe su vida diaria

Imagina a una mujer que valora a las mujeres de su vida. Una mujer que se sienta en círculos de mujeres para que se le recuerde su propia verdad cuando la olvide.

Imagina a una mujer sin vergüenza, que esta llena de sí misma, una mujer poderosa que esta despierta a su propia verdad. Una mujer valerosa que ha asumido su justo lugar al lado de los hombres. Una mujer sabia, cuyas creencias respecto a sí misma se reflejan en sus relaciones

Una mujer que inicia, se esfuerza y se mueve en su propio nombre. Que no acepta rendirse, excepto a su Ser más verdadero y a su voz más sabia.

Imagínate a ti misma como esa mujer.”

Tomado de Imagine a Woman in Love with Herself,  (Un Dios que se parece a mi: Descubriendo el rostro femenino de Dios) por Patricia Lynn Reilly, M. Div., (c) 1995 

Florece...



"Florece donde sea que estés plantada." - Edu Wigand

Ser Mujer



Ser mujer es la sensualidad, la intensidad, el goce de habitar un cuerpo dibujado en curvas y profundidades, que ama ser recorrido y fecundado amorosamente.

Ser mujer es mi forma de amar y crear, tomando y soltando, como la respiración.
Ser mujer es un compromiso inalterable con la vida, un agradecimiento permanente a la existencia, un gestar junto a otros: mujeres y hombres, nuevas realidades más sanas y felices para todos.

Ser mujer es no cansarme jamás de bucear en cada alma, la verdad y el amor.
Ser mujer es abrazar en círculo a mis amigas, hermanas, compañeras.
Ser mujer es abrirme como corola a los misterios sagrados.

Autor: © Germana Martin

jueves, 11 de octubre de 2012

Somos una sola alma...


 "Whatever our souls are made of, his and mine are the same" 
- Emily Bronte
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